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ADÁN Y EVA: LA PRIMERA LLAMADA Y EL PRIMER MIEDO

La historia de Adán y Eva es la primera gran historia vocacional de la Biblia. Dios creó al hombre y a la mujer por amor y los llamó a vivir en comunión con Él, entre ellos y con toda la creación.

La vocación de Adán y Eva no comenzó con una misión espectacular, sino con algo profundamente humano: vivir cerca de Dios, confiar en Él y cuidar el mundo que había puesto en sus manos.

El libro del Génesis lo dice muy claro: “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (Gn 2,15).

Dios les regaló libertad, porque el amor verdadero solo puede existir en libertad. Pero junto con la libertad apareció también la posibilidad de equivocarse.

La serpiente sembró la duda en su corazón: hacerles creer que Dios les quitaba algo, que no podían confiar plenamente en Él y que la felicidad estaba lejos de su voluntad. Y entonces apareció el miedo, la desconfianza y el pecado.

Muchas veces se piensa que el pecado original fue simplemente comer un fruto prohibido. Pero en el fondo fue mucho más que eso: fue romper la confianza con Dios.

Después de pecar, Adán y Eva sintieron vergüenza y miedo. Y el miedo los llevó a esconderse.

Entonces Dios salió a buscarlos y preguntó: “¿Dónde estás?” (Gn 3,9). No era una pregunta porque Dios ignorara dónde estaban físicamente. Era una pregunta dirigida al corazón humano: ¿Dónde estás? ¿Dónde quedó la confianza? ¿Dónde quedó la cercanía? ¿Dónde quedó el amor? Y aun así, Dios no dejó de amarlos.

Esa es una de las cosas más hermosas de esta historia: incluso después de la caída, Dios sigue buscando al hombre y a la mujer.

La historia de Adán y Eva también es nuestra historia. Muchas veces nosotros también dudamos, tenemos miedo, nos escondemos o pensamos que seremos más felices lejos de Dios.

Pero el Señor nunca deja de llamarnos. Y cada vez que volvemos a Él, descubrimos que su amor es más grande que nuestras caídas. Porque la vocación comienza cuando dejamos de escondernos y nos atrevemos nuevamente a caminar con Dios.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

  1. ¿Qué miedos o dudas me alejan hoy de Dios?
  2. ¿En qué momentos de mi vida he sentido la tentación de esconderme o huir?
  3. ¿Estoy dispuesto a volver a confiar en el amor de Dios?

ORACIÓN

Señor Dios, Tú nos creaste por amor y nunca dejas de buscarnos, incluso cuando nos alejamos de Ti.

Ayúdanos a confiar en tu palabra y a no escondernos por miedo, vergüenza o desconfianza.

Danos un corazón sencillo para volver siempre a Ti y descubrir que tu amor es más grande que nuestras caídas.

Amén.

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