MI HISTORIA VOCACIONAL ENTRE LA BUSQUEDA EL DOLOR Y LA VALENTIA e1777988819283

MI HISTORIA VOCACIONAL: «ENTRE LA BÚSQUEDA, EL DOLOR Y LA VALENTÍA»

(Testimonio vocacional del P. Walter Malca)

Mi historia vocacional no fue sencilla. Desde el inicio, mi vida estuvo marcada por el dolor. Mi padre murió cuando yo tenía apenas veinte días de nacido y mi madre, siendo todavía muy joven, tuvo que sacar adelante sola a siete hijos.

Nací en un pequeño pueblo de Cajamarca, donde en aquellos años la presencia de la Iglesia Católica era muy limitada. El sacerdote llegaba solamente para algunas fiestas patronales y luego se iba.

Mi primera experiencia religiosa fue en un ambiente evangélico. Mi madre comenzó a asistir a una comunidad de los nazarenos y desde pequeño me llevaba con ella. Allí aprendí a hablar de Dios y conocí muchas cosas buenas, pero también crecí con una imagen muy dura de la fe: un Dios castigador, un Dios que estaba pendiente del pecado y del infierno. Muchas de esas ideas marcaron profundamente mi infancia y mi adolescencia.

Recuerdo que incluso mi familia soñaba con que yo fuera “pastor”. Yo era tan pequeño que ni siquiera entendía bien lo que eso significaba. Pensaba ingenuamente que quizás querían que fuera “pastor alemán” ja, ja, ja. Con el tiempo fui creciendo en medio de muchas preguntas religiosas y existenciales.

Cuando terminé la secundaria nos trasladamos a Pacanguilla, un pueblito cerca de Cheén en la Libertad. Allí mi mundo comenzó a cambiar. Descubrí la presencia más cercana de la Iglesia Católica y empecé a preguntarme cuál era realmente la verdad. En ese tiempo conocí también amigos ateos que cuestionaban la existencia de Dios, y eso provocó en mí una profunda crisis de fe.

Hubo momentos en los que realmente dudé de la existencia de Dios. Fueron meses muy difíciles interiormente. La vida comenzó a parecerme absurda y vacía. Sin embargo, en medio de toda esa oscuridad había algo dentro de mí que seguía buscando sentido. Y creo que cuando una persona busca sinceramente, tarde o temprano termina encontrándose con Dios.

Ese encuentro comenzó a darse a través del testimonio de personas concretas. Recuerdo especialmente al padre Fernando Rojas, un sacerdote cercano a los jóvenes, comprometido con las causas sociales y profundamente humano. Verlo me impactó muchísimo. Yo veía en él algo que no encontraba en mí mismo: paz, alegría y plenitud. Y entonces me hice una pregunta que cambió mi vida: “¿Por qué él es feliz y yo no?”. Poco a poco comprendí que aquello que llenaba su vida era Dios.

Fue entonces cuando sentí el llamado al sacerdocio. Pero decir sí no fue fácil. Implicaba dejar mi mundo, mi familia, mis amigos y toda la vida que conocía. Recuerdo claramente el dolor del desapego. En mi corazón había alegría y esperanza, pro también ha tristeza, incertidumbre y miedo. Algunos amigos y familiares pensaban incluso que estaba “perdiendo mi vida”.

Pero con el tiempo comprendí algo muy importante: la valentía no significa ausencia de miedo. La valentía es avanzar a pesar del miedo.

Ingresé al seminario redentorista y allí comenzó un largo proceso de formación humana, espiritual e intelectual. Como todo joven, también tuve dudas, luchas y momentos difíciles. Pero poco a poco fui descubriendo que Dios no llama a personas perfectas, sino a personas dispuestas a confiar.

Con los años descubrí profundamente la espiritualidad de san Alfonso María de Ligorio y comprendí la importancia de acompañar a las personas desde la misericordia, especialmente a quienes sufren, tienen heridas o viven confundidos.

Sin embargo, uno de los momentos más fuertes de mi vida llegó muchos años después, cuando sentí el llamado a fundar una nueva comunidad: los Misioneros Alfonsianos.

Y nuevamente apareció el miedo. No era fácil dejar las seguridades que ya tenía. Después de muchos años dentro de una congregación religiosa, tomar la decisión de comenzar algo nuevo implicaba incertidumbre, críticas y muchas preguntas. Humanamente parecía una locura.

Recuerdo que cuando decidí dar ese paso ya no era un muchacho joven. Muchos podrían haber pensado que era demasiado tarde para comenzar de nuevo. Pero sentía dentro de mí una fuerza muy profunda que me impulsaba a confiar. Me sentí un poco como Abraham cuando Dios le dijo: “Deja tu tierra y vete al lugar que yo te mostraré.” Dios no le mostró un mapa completo. Solo le pidió confiar. Y eso mismo sentí yo.

No sabía exactamente cómo se sostendría la comunidad, qué pasaría en el futuro ni cómo enfrentaríamos tantas dificultades. Pero en medio de todo eso he podido experimentar algo maravilloso: la providencia de Dios. Nunca nos ha faltado lo necesario.

A lo largo del camino he visto aparecer personas, ayudas y situaciones que humanamente parecían imposibles. Y eso me ha confirmado una y otra vez que cuando una obra nace de Dios, Él mismo se encarga de sostenerla.

Hoy puedo decir que mi historia está hecha de heridas, luchas, búsquedas, dudas y sufrimientos, pero también de encuentros, esperanza, fe y amor.

Y si algo he aprendido en todo este camino es que Dios sigue llamando. Sigue llamando a jóvenes, a adultos, a personas heridas, a personas llenas de preguntas y también a quienes sienten miedo. Porque la vocación no es para perfectos. La vocación es para valientes.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

  1. ¿Qué heridas o experiencias difíciles de mi vida podrían convertirse también en un camino de crecimiento y encuentro con Dios?
  2. ¿Qué miedos me impiden responder con libertad y confianza a lo que Dios me pide?
  3. ¿Estoy dispuesto a creer que Dios puede sacar algo bueno incluso de mis momentos más oscuros?

ORACIÓN

Señor Jesús, Tú conoces nuestras heridas, nuestros miedos y nuestras búsquedas más profundas.

Te damos gracias porque nunca abandonas a quienes confían en Ti y porque sigues llamando a personas frágiles para realizar cosas grandes.

Danos la valentía de responder a tu llamado, aun en medio de las dudas y dificultades. Ayúdanos a descubrir que contigo incluso el dolor puede transformarse en esperanza.

Y si hoy llamas a algún joven al sacerdocio o a la vida religiosa, dale la fuerza para decirte sí con generosidad y confianza.

Amén.

Mira el testimonio del P. Walter Malca en nuestro canal oficial de VALIENTES TV:

También escucha en audio mp3 el testimonio de Fabián, aquí:

Loading

Sin comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *