DANI scaled

«DIOS ME VOLVIÓ A LLAMAR»

Testimonio de Daniel Cáceres Tume

Mi nombre es Gerson Daniel Cáceres Tume, tengo 20 años y actualmente formo parte de los Misioneros Alfonsianos, donde realizo mi formación como seminarista. Además, apoyo en el área de comunicaciones, ya que antes de ingresar al seminario estudié y trabajé en ese campo durante un buen tiempo.

Mi historia vocacional comenzó de una manera muy sencilla. Cuando llegué a Lima, vine prácticamente “a la aventura”, buscando oportunidades de estudio y trabajo. Durante varios años viví alejado de la parroquia y de la vida eclesial, aunque dentro de mí existía siempre una necesidad de acercarme nuevamente a Dios. Yo había sido monaguillo cuando era niño y sentía deseos de volver a servir en la Iglesia. Fue mi tía quien me llevó a una parroquia y me presentó al sacerdote. Tanto ella como yo comenzamos poco a poco a reencontrarnos con la fe.

En ese tiempo supe que en la parroquia existía un seminario. Sinceramente, al inicio no me llamó mucho la atención. Lo veía más como un proyecto interesante, pero nada más. Sin embargo, con el paso de los meses algo comenzó a moverse dentro de mí. Empecé a sentir inquietud vocacional.

Entonces hablé con las personas más importantes de mi vida: mi jefe del trabajo, mi enamorada, mi madre y mi tía. Y algo que siempre agradeceré es que ellos supieron escucharme y comprenderme. Nunca me sentí juzgado.

Pero aun así no fue fácil. Porque cuando uno siente el llamado de Dios también aparecen muchos miedos. Recuerdo que una de las preguntas que más daba vueltas en mi cabeza era: “¿Y si esto no es para mí?”. Pensaba en todo lo que estaba dejando: mi trabajo, mi enamorada, mis sueños, mis proyectos y mi familia.

Y ahí entendí algo muy importante: la valentía no significa no tener miedo. La valentía es seguir adelante a pesar del miedo.

Porque cuando Dios llama, también da una paz muy profunda. Y aunque uno siente que pierde cosas, al mismo tiempo descubre que Dios tiene algo más grande preparado. Yo pensaba que estaba dejando mis sueños, pero sentía que Dios me decía: “Tus sueños no terminan aquí. Ahora los viviremos juntos”.

Los primeros meses en el seminario tampoco fueron fáciles. Recuerdo muchas noches de silencio en mi cuarto, momentos donde extrañaba mi casa, a mi familia y mi vida anterior. Había noches en las que el silencio me hacía cuestionarme muchas cosas.

Pero ahí fue donde la fe me sostuvo.

La fe me ayudó a vencer el miedo, la ansiedad y esa sensación de estar “perdiendo el tiempo”. Porque poco a poco entendí que no estaba perdiendo nada; al contrario, estaba aprendiendo a entregarme a un amor mucho más grande: el amor de Dios.

Dentro de la comunidad conocí también la historia de san Gerardo Mayela, un santo redentorista que me impactó muchísimo. Él deseaba ser sacerdote, pero le dijeron que no podía ingresar al seminario. Sin embargo, no se rindió. Persistió con humildad y terminó entregando su vida a Dios como hermano religioso. Su historia me enseñó que cuando uno ama de verdad al Señor siempre encuentra la manera de servirlo.

Y creo que algo que afecta mucho a los jóvenes de hoy es el miedo. Muchos quieren acercarse a la Iglesia, pero sienten temor al qué dirán, a la crítica social, a quedarse solos o perder amistades.

Muchos jóvenes no se alejan de Dios porque no crean, sino porque tienen miedo. Miedo de sentirse diferentes. Miedo de ser juzgados. Miedo de quedarse solos.

Por eso creo que la Iglesia tiene una misión muy importante: ayudar a los jóvenes a descubrir que no están solos.

La Iglesia no es un lugar triste ni aburrido, como algunos piensan. Es una comunidad viva, alegre, llena de historias, de personas reales y de jóvenes que también luchan, ríen, caen y vuelven a levantarse. Yo mismo he descubierto aquí una familia.

Los Misioneros Alfonsianos no son simplemente una comunidad donde vivo. Son mi hogar. Aquí he aprendido que Dios puede transformar incluso nuestras dudas y nuestros miedos en un camino de entrega y felicidad.

Y por eso hoy quiero decirles especialmente a los jóvenes: no tengan miedo de acercarse a Dios. No tengan miedo de preguntar, de buscar, de discernir. La Iglesia no es un lugar para personas perfectas. Es un lugar para personas heridas que quieren caminar hacia Dios.

Jesús decía: “Vengan y verán”. Y eso mismo quiero decirles yo hoy: anímense. Acérquense. Pregunten. Busquen. Porque Dios sigue llamando.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

  1. ¿Qué miedos me impiden acercarme más a Dios o descubrir mi vocación?
  2. ¿Estoy dispuesto a confiar en Dios incluso cuando no entiendo completamente el camino?
  3. ¿Qué personas han sido para mí un apoyo en mi proceso de fe y discernimiento?

ORACIÓN

Señor Jesús, Tú conoces nuestros miedos, nuestras dudas y las luchas que llevamos en el corazón. A veces sentimos temor de dar pasos importantes, de dejar nuestras seguridades o de responder a lo que Tú nos pides.

Pero hoy queremos pedirte la valentía de confiar en Ti. Así como acompañaste a Daniel en su camino vocacional, acompaña también a tantos jóvenes que buscan sentido para sus vidas. Dales paz en medio de sus dudas y fortaleza para vencer el miedo.

Ayúdanos a comprender que seguirte no es perder la vida, sino encontrarla plenamente. Y cuando sintamos soledad o incertidumbre, recuérdanos que nunca abandonas a quienes ponen su confianza en Ti.

Amén.

Mira el testimonio de Daniel en nuestro canal oficial de VALIENTES TV:

También escucha en audio mp3 el testimonio de Daniel, aquí:

Loading

Sin comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *