SAN PEDRO: DEL MIEDO A LA MISIÓN
Pedro era un pescador sencillo de Galilea. No era un hombre perfecto, sabio ni poderoso. Era impulsivo, emocional y muchas veces hablaba antes de pensar. Sin embargo, Jesús vio en él algo que nadie más veía.
Un día, mientras Pedro trabajaba junto a su hermano Andrés, Jesús se acercó y le dijo: “Sígueme” (Mt 4,19). Y Pedro dejó las redes para comenzar una aventura que cambiaría su vida para siempre.
Seguir a Jesús no fue fácil. Pedro vivió momentos de entusiasmo, pero también de dudas y miedo. A veces demostraba una fe enorme y otras veces se dejaba vencer por la inseguridad.
Uno de los momentos más conocidos ocurrió cuando quiso caminar sobre el agua para ir hacia Jesús. Mientras mantuvo la mirada puesta en el Señor avanzó sin problema. Pero cuando miró el viento y las olas, tuvo miedo y comenzó a hundirse.
Aquella escena refleja muchas veces nuestra propia vida. Queremos seguir a Dios, pero el miedo nos paraliza.
Pedro también prometió que jamás abandonaría a Jesús. Sin embargo, durante la pasión, cuando vio el peligro y la persecución, lo negó tres veces. Después de aquello lloró amargamente. Seguramente sintió vergüenza, tristeza y decepción consigo mismo.
Pero Jesús no lo rechazó. Después de la resurrección, Jesús volvió a buscarlo y le hizo una pregunta sencilla y profunda: “Pedro, ¿me amas?” (Jn 21,15). Y luego le confió nuevamente una misión: “Apacienta mis ovejas.”
Jesús no eligió a Pedro porque fuera perfecto. Lo eligió porque, a pesar de sus caídas, era capaz de amar y volver a levantarse.
Con el tiempo, aquel pescador temeroso se convirtió en un hombre valiente. El mismo Pedro que tuvo miedo de reconocer a Jesús delante de una criada terminó anunciando el Evangelio públicamente y entregando su vida por Cristo.
La historia de Pedro nos recuerda que la vocación no consiste en no caer nunca, sino en volver a levantarse y seguir caminando con Jesús. Porque Dios no llama a personas perfectas. Llama a personas capaces de confiar en su misericordia.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
- ¿Qué miedos me impiden seguir a Jesús con mayor confianza?
- ¿Cómo reacciono cuando caigo o me equivoco?
- ¿Creo realmente que Dios puede seguir llamándome aun con mis fragilidades?
ORACIÓN
Señor Jesús, así como llamaste a Pedro en medio de sus miedos y fragilidades, también hoy sigues llamándonos a nosotros.
Ayúdanos a confiar en tu misericordia y a levantarnos cada vez que caigamos.
Danos un corazón valiente para seguirte y anunciarte con alegría en medio del mundo.
Amén.
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