WhatsApp Image 2026 05 23 at 11 22 15 AM e1779553622396

“DIOS SE OCUPA DE LO DEMÁS”

(Testimonio de la Hna. María de los Ángeles López)

HISTORIA

Mi nombre es María de los Ángeles López, aunque muchos me conocen como «Marielos». Soy Misionera de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Guatemala y, al mirar mi vida, solo puedo decir que la vocación ha sido un regalo inmenso de Dios.

Mi vocación nació en la parroquia San Cristóbal, atendida por los Misioneros Redentoristas. Allí participé desde adolescente en el grupo juvenil y como catequista. Me encantaba servir en la Iglesia y poco a poco comenzó a surgir dentro de mí una pregunta muy profunda: “Señor, ¿cómo quieres que te sirva?”. Yo veía que todas las vocaciones son hermosas, también el matrimonio, pero sentía en mi corazón un fuerte deseo de entregarle toda mi vida a Dios y servirle completamente. Así comenzó mi búsqueda vocacional.

Fui acompañada por sacerdotes y por algunas personas laicas muy comprometidas con la fe. Poco a poco fui descubriendo que Dios me llamaba a la vida misionera y religiosa. Sin embargo, mi camino no fue inmediato ni sencillo.

Desde los 17 años sentía inquietud vocacional, pero ingresé recién a los 24. Y hubo una razón muy importante: yo soy hija única. Muchas veces le preguntaba al Señor: “¿Cómo me puedes estar llamando si soy hija única? ¿Qué va a pasar con mi mamá?” Incluso hice proceso vocacional en una congregación donde estaba muy feliz y donde prácticamente ya tenía todo listo para ingresar. Pero finalmente me dijeron que no aceptaban hijas únicas. Aquello me dolió mucho.

Sentí tristeza, decepción y pensé que quizá debía seguir otro camino. Decidí estudiar Trabajo Social porque siempre me gustaba servir a las personas. Y aunque me gustaba muchísimo mi carrera, dentro de mí seguía existiendo un vacío. Yo tenía familia, amigos, parroquia, estudios y muchas cosas buenas… pero sentía que todavía faltaba algo. Entonces un sacerdote redentorista, que era mi director espiritual, me dijo una frase que nunca olvidaré: “Tú tienes llamado a la vida consagrada, pero todavía no has dado la respuesta.” Aquellas palabras quedaron resonando dentro de mí.

Tiempo después conocí a las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y sentí mucha paz. Entonces hice una oración muy sencilla: “Señor, si esta es tu voluntad, ayúdame especialmente con mi mamá.” Y puedo decir con toda sinceridad que Dios escuchó esa oración.

Cuando hablé con mi mamá, al inicio le costó muchísimo aceptar mi decisión. Me decía: “¿Y quién me va a cuidar cuando esté enferma?” Era normal. Yo era su única hija.

Pero poco a poco Dios también fue trabajando en el corazón de ella. Recuerdo que cuando las hermanas la conocieron y hablaron del posible ingreso, mi mamá terminó diciendo algo muy hermoso: “Si es la voluntad de Dios, adelante.” Ese momento me llenó de alegría y paz.

El día que ingresé al convento fue difícil. Mi mamá me fue a dejar y venía llorando. Cuando la vi partir, también lloré mucho. Pero al mismo tiempo sentía una paz muy profunda dentro de mí. Recuerdo que me preguntaba: “¿Será que tengo corazón de piedra? ¿Por qué siento tanta paz?” Y comprendí que era Dios quien sostenía mi corazón.

Los primeros días en la congregación fueron muy hermosos. Yo sentía que estaba viviendo un sueño. Aunque la vida religiosa no ha sido fácil y también he tenido momentos de lucha, dificultades y tentaciones de dejarlo todo, hay algo que siempre pesa más: el llamado de Dios. Porque cuando uno descubre verdaderamente su vocación, encuentra una alegría interior muy profunda. No significa que no existan problemas. Los hay. Pero es una alegría que permanece incluso en medio de las dificultades.

Con los años, Dios también me fue sorprendiendo. Yo nunca pensé dedicarme a la educación, porque me gustaba más el trabajo misionero. Sin embargo, hoy trabajo en un colegio y puedo decir que amo profundamente educar niños y jóvenes. Dios me regaló una vocación dentro de la vocación.

También he vivido experiencias muy fuertes de providencia. Hace algunos años mis superiores me permitieron fundar un jardín infantil. Comenzamos prácticamente sin nada. Solo teníamos la casa. Pero pusimos todo en manos de Dios y de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Y poco a poco comenzaron a abrirse puertas de manera impresionante: personas que ayudaban, proyectos que aparecían, recursos para remodelar la casa, mobiliario, computadoras y todo lo necesario para salir adelante. Muchas veces no teníamos dinero suficiente para cubrir gastos importantes y yo le decía a la Virgen: “Madre, este jardín es tuyo. Ayúdanos.” Y de una u otra manera siempre aparecía la ayuda necesaria.

Por eso hoy puedo decir algo con total certeza: Cuando uno responde generosamente a Dios, Él se ocupa de lo demás.

A los jóvenes que sienten inquietud vocacional quiero decirles que no tengan miedo. Siempre habrá dudas, incertidumbres y obstáculos. Pero lo importante es dar el paso y arriesgarse.

Si Dios llama, también da la gracia para seguir adelante. Por eso vale la pena decirle sí.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

  1. ¿Qué miedos me impiden responder plenamente a lo que Dios me pide?
  2. ¿Confío realmente en que Dios puede cuidar de las personas y situaciones que más me preocupan?
  3. ¿Estoy dispuesto a arriesgarme y dar un paso de fe?

ORACIÓN

Señor Jesús, gracias porque sigues llamando a muchas personas a seguirte y servirte con generosidad. Ayúdanos a confiar en Ti incluso cuando aparezcan dudas, miedos o dificultades. Danos la valentía de responderte con amor y descubrir que, cuando Tú llamas, también sostienes y acompañas cada paso. Amén.

Mira el testimonio de María López en nuestro canal oficial de VALIENTES TV:

También escucha en audio mp3 el testimonio de María López, aquí:

Loading

Sin comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *