SARA: CREER EN LAS PROMESAS DE DIOS EN MEDIO DE LA IMPOSIBILIDAD
La historia de Sara es la historia de una mujer que aprendió a confiar en Dios incluso cuando todo parecía humanamente imposible.
Sara era esposa de Abraham. Juntos habían recibido de Dios una promesa extraordinaria: serían padres de una gran descendencia. El problema era que pasaban los años y aquella promesa no se cumplía. Sara envejecía y no podía tener hijos.
Y en aquella cultura, la esterilidad era motivo de mucho dolor, tristeza y humillación. Seguramente muchas veces se preguntó por qué Dios tardaba tanto o por qué las cosas no ocurrían como ella esperaba. A veces así actúa también la vida.
Tenemos sueños, oraciones y promesas que parecen no realizarse nunca. Sin embargo, Dios no había olvidado a Sara. El tiempo pasó. Abraham y Sara llegaron a la ancianidad. Humanamente ya no existían posibilidades. Todo parecía terminado. Pero fue precisamente allí donde Dios volvió a hablarles.
Cuando el Señor anunció nuevamente que Sara tendría un hijo, ella se rio. Y sinceramente… era comprensible. ¿Cómo creer algo así? ¿Cómo pensar que una mujer anciana podía convertirse en madre?
La risa de Sara refleja muchas veces nuestras propias dudas. A veces creemos en Dios… pero nos cuesta creer que pueda actuar en nuestras situaciones concretas. Nos cuesta creer que todavía pueda haber esperanza. Sin embargo, Dios cumplió su promesa. Y Sara dio a luz a Isaac, cuyo nombre significa precisamente “risa”.
Aquella mujer que un día se rio por incredulidad terminó riendo de alegría al ver la fidelidad de Dios. La historia de Sara nos recuerda que Dios sigue obrando incluso cuando todo parece perdido. Que para Él no existen imposibles. Y que muchas veces sus tiempos no son nuestros tiempos.
También nos enseña que la fe no significa no tener dudas. Sara dudó, tuvo miedo y se cansó de esperar. Pero aun así Dios siguió actuando en su vida. Porque Dios no abandona a quienes esperan en Él.
Hoy muchas personas viven situaciones que parecen imposibles: familias heridas, enfermedades, crisis, soledad, sueños rotos o caminos cerrados. Y precisamente allí, en medio de la fragilidad humana, Dios sigue diciendo: “¿Hay acaso algo imposible para Dios?” (Gn 18,14).
La historia de Sara es una invitación a no perder la esperanza. Porque cuando Dios promete algo, siempre encuentra la manera de cumplirlo.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
- ¿Qué situaciones de mi vida siento hoy como “imposibles”?
- ¿He perdido la esperanza en alguna promesa o sueño importante?
- ¿Estoy dispuesto a confiar en Dios incluso cuando no entiendo sus tiempos?
ORACIÓN
Señor Dios, como Sara, muchas veces también nosotros nos cansamos de esperar y sentimos que algunas cosas ya no tienen solución. Ayúdanos a confiar en tus promesas incluso en medio de las dudas y dificultades. Danos un corazón lleno de esperanza para creer que contigo siempre puede comenzar algo nuevo.
Amén.
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